Al mediodía, la torre del reloj de la Catedral casi señala, como la flecha de un mapa, la entrada a la calle.
Fue principal vía comercial hace varios siglos.
En ella estuvo la sastrería de Juan del Arco era sinónimo de excelencia. Atendía a una clientela selecta masculina, a la que vestía con las telas más exquisitas de los mejores fabricantes de la época, como Tamburini, Kolomer, Llonch, Salas y Jorge Domingo. En ella estuvo la Casa Donato que era una mercería. También estaba la Sombrerería Troyano, fundada alrededor de 1915 por Pancracio Troyano, era el establecimiento de referencia en complementos femeninos. También estaba Virgilio García, un comercio dedicado a la venta de tejidos y otros artículos complementarios, la mayoría de sus clientes eran labradores, que efectuaban las compras y pagaban cuando cobraban sus cosechas. También Tejidos Soriano, apodada "El Metro", se distinguía por ser la primera de la capital en vender tela al metro.