Edificio construido en los siglos XVI y XVII según las trazas iniciales de Juan Herrera, al que se debe la severidad inicial de la fachada.
La perfecta simetría del edificio y el empleo de columnas toscanas evocan el clasicismo italiano.
Su construcción se prolongó más de un siglo, con fases renacentistas y barrocas, lo que explica su aspecto híbrido.
El edificio se diseñó para crear un eje visual perfecto con la fachada principal de la Catedral, algo muy poco habitual en plazas históricas españolas.